Jibo es otro robot de estos de hoy en día que hace las veces de compañero de juegos y ayudante familiar. Pero no amigos: no fregará tus platos –lo cual sería el verdadero avance hacia la singularidad– sino que se limita a ver, oir y comunicarse toscamente.
Sus formas redondeadas recuerdan a un R2-D2 o a alguno de los robotijos de Wall-E, empleando la teoría aquella del: «mis formas son curvas y no puedo hacerte daño». De momento parece un exitazo en Kickstarter donde buscaban 100.000 dólares para fabricar las primeras unidades y ya llevan 330.000.
La definición romática de Jibo es que es un robot familiar que puede integrarse en la vida y la historia de la familia como un miembro más. Aunque lo vendan con lemas como «su presencia puede ayudar a alegrar el corazón y poner un sonrisa en tu cara para que te sientas mejor» la verdad es que muchos preferiríamos un chisme que barriera la casa, recogiera la ropa que hay por ahí tirada y lavara los platos.
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